El sol estival en la Andalucía del interior es, desde el mediodía hasta el atardecer, un sol de justicia, implacable, abrasador...La mayoría de la plantas languidecen en tan inhóspito hábitat, y solo algunas plantas persistentes,algunas flores del desierto o quizás llegadas antaño de los lejanos trópicos, sobreviven al paso del tiempo y de la intensa flama sureña. Las largas tardes del verano cordobés, tan silenciosas y apacibles como las noches de cualquier otra pequeña y tranquila ciudad, solo se ven alteradas por el trasiego de algunos pálidos turistas despistados que vaguean por las calles de la judería..Y en este mundo en el que los acontecimientos transcurren a una velocidad de vértigo,en un trajín de movimientos caóticos , en el que las noticias más relevantes son devoradas por otras novísimas vacuidades, en una ausencia general de reflexión, concentración y lentitud,este tranquilo y costumbrista escenario, esa quietud en el que el tiempo parece que se ha parado como si de una foto fija en blanco y negro se tratara, resulta cuanto menos fantasmagórica, exótica e irreal.
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